Puede que la presencia de Parish en los controles dispare las comparaciones con PJ Harvey. Seguro que los comparadores fallan el tiro. Como Polly Jean, Maika es una mujer que compone, canta, toca la guitarra y el piano, una artista con carácter que hace canciones como solo se deberían hacer: con pasión e intensidad. Hija de Vangel Makovski, un multiinstrumentista afincado en Palma, Maika se ha alimentado con música. Y, por lo que cuenta, siempre le ha gustado comer de todo. Lo mismo cita a Stooges, Damned, The Cramps o Dead Moon que habla del Son House, Skip James y otros clásicos del blues del Delta. A veces confiesa que Prince es “una de las paredes maestras de mi caja de música” pero siempre deja hueco en esa virtuosa caja de Pandora para Neil Young, Ike & Tina Turner o Serge Gainsbourg. Quizás nada de eso suene de forma evidente en las canciones de su tercer trabajo y, sin embargo, todo está ahí, escondido en algún lado para sugerir a tu subconsciente que éste es uno de esos discos que seguirá en la banda sonora de tu vida dentro de diez años.
Maika ha encontrado el destino de un viaje que empezó ganando el Festival de Pop Rock de Palma de Mallorca con quince años. Dando pisadas con botas punk de punta de acero en su primer disco, ‘Kradiaw’ (2005), y con zapatos de bailarina en ‘Kraj So Kóferot’ (2007). Reuniendo a los mejores compañeros de travesía posibles (David Martínez a la batería, Juan Carlos Luque al bajo y la percusión, y Oskar Benas a la guitarra, el banjo y los coros) y conquistando con ellos escenarios de todo el mundo. Maika Makovski ha destilado su esencia y, con ella, la de toda la buena música. Por eso ha llamado a su nuevo disco, el que se presenta en el CICCA con la única definición posible: Maika Makovski”.
Texto: Pedro Bravo
